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La escurridiza huella de los contagios | Sociedad


No hay país que logre contener una epidemia si no sabe dónde se contagian sus enfermos. Lo cuentan los manuales de historia de la medicina y lo recuerdan estos días los especialistas que luchan contra el coronavirus en España. “Muchos pacientes nos llegan sin estar relacionados con un brote. Son casos aislados, sin relación clara con otros”, explica Santiago Moreno, jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Ramón y Cajal (Madrid). “La mayoría de casos vienen de entornos familiares y, en menor medida, de reuniones sociales. Pero en un porcentaje relevante no es posible conocer la fuente primaria de la infección”, añade Benito Almirante, que ocupa el mismo cargo en el Hospital Vall d’Hebron (Barcelona).

Según el último informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave), fechado el pasado día 9, en el 39% de los casos diagnosticados en España desde el 10 de mayo el origen de la infección es “desconocido”, mientras que en un 31% adicional el contagio se ha producido en el ámbito domiciliario. Las siguientes categorías son “otros” (15%), “laboral” (8%) y centros sanitarios y sociosanitarios, que suman el 6%.

Son los grandes trazos del origen de los contagios, a los que los sanitarios tratan de dar más precisión en su actividad diaria, aunque lamentan que el insuficiente rastreo de contactos y la escasa calidad de los datos que produce el sistema sigue lastrando la lucha contra el virus. José Miguel Cisneros, jefe de enfermedades infecciosas en el hospital Virgen del Rocío (Sevilla), y Manuel Rodríguez Iglesias, jefe de microbiología del hospital Puerta del Mar (Cádiz), coinciden en que los contagios crecen allí donde se relajan las medidas. “En las reuniones sociales y familiares tendemos a sentirnos más seguros. El miedo al contagio se atenúa o incluso desaparece y las medidas de seguridad se incumplen”, resume Cisneros. “En el entorno familiar y social las prevenciones se relajan al no sospechar que estás infectado”, añade Rodríguez Iglesias.

Joan Ramon Villalbí, de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), precisa que tras el epígrafe “domiciliario” —el segundo en importancia en el informe Renave— se ocultan realidades muy distintas, lo que resta aún más precisión al atlas de contagios. En algunos casos, las infecciones son el segundo eslabón de una cadena iniciada en otra parte (puesto de trabajo, fiestas y botellones…). En otros, son brotes surgidos de reuniones con la familia extensa. Y “también hay barrios donde es frecuente que convivan personas que no son una familia nuclear. Y esto ha demostrado ser muy importante, porque es en estas zonas con perfil socioeconómico desfavorecido donde se han desarrollado cadenas de transmisión más intensas”, añade.

Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), recuerda que tras el fin del estado de alarma a finales de junio el virus circulaba principalmente en el ámbito sanitario y en sectores que, como el agroalimentario, no pararon su actividad.

De allí, el virus se extendió hacia colectivos más jóvenes y activos socialmente, y a continuación al ámbito familiar. “Ahora, además, el virus ha aumentado mucho su incidencia en zonas turísticas. Baleares, Canarias, la costa mediterránea y la Cerdanya [en el Pirineo catalán] han visto crecer mucho los casos”, relata Godoy. El presidente de la SEE alerta del reto que, “con los actuales niveles de circulación del virus, supone la reapertura de los colegios”.

Elisabet P. tiene 18 años y estudia ingeniería en Barcelona. A finales de agosto se reunió “con otros nueve amigos” en una casa familiar de uno de ellos en un pueblo de la Cerdanya. “No hicimos nada especial. Escuchamos música, tomamos algo y hablamos”, relata. No saben quién fue el caso índice, solo que el día 31 Elisabet y otro asistente empezaron a encontrarse mal. “Me faltaba el aire, tenía tos, fiebre alta. Al final todos menos uno hemos dado positivo, aunque la mayoría sin síntomas”, cuenta.

Su caso es considerado por los expertos consultados como “un buen ejemplo” de una de las formas más comunes de propagación del virus ocurrida este verano. Pero, de nuevo, los datos disponibles impiden hacerse una imagen de conjunto. Existen enormes diferencias entre comunidades —en Andalucía y Madrid, por ejemplo, se desconoce el origen del 80% de los contagios, porcentaje que desciende a cerca del 30% en Murcia y el País Vasco, según Renave—, lo que fragmenta en gran medida el escenario.

El Ministerio de Sanidad y las comunidades pactaron hace un mes medidas para frenar la segunda ola, entre ellas poner coto al ocio nocturno. Desde entonces, a golpe de repuntes y confinamientos parciales, varias regiones han ido endureciendo las medidas. Una de las últimas en hacerlo ha sido Murcia, que acordó el pasado día 3 “la supresión del servicio de barra y ventana en hostelería y restauración” por ser zonas de mayor riesgo de contagio. Los expertos no discuten la oportunidad de estas medidas, pero echan de menos “una mayor coordinación ante el segundo repunte del virus”, concluye Villalbí.

España solo rastrea tres contactos por positivo

El deficiente rastreo de contactos tampoco ayuda a mejorar la situación. Según el informe Renave, la mediana de contactos estrechos encontrados por caso positivo en España es de apenas tres. “Es insuficiente y revela que en la mayoría de ocasiones, apenas se llega a los contactos del círculo más íntimo, como las personas que comparten hogar”, lamenta Godoy. “Lo deseable sería acercarse más hacia la decena de contactos por caso”, añade Villalbí.

Godoy propone avanzar hacia un modelo, ya iniciado en algunas zonas, en el que cuando se hace la prueba PCR, el paciente ya es dado de baja y se inicia el censo de contactos. “Tendría un enorme impacto y acortaría mucho los plazos, ya que evitas que el caso potencial siga transmitiendo el virus y en caso de resultado positivo puedes desactivar a los contactos al momento”.

Mientras, la situación sobre el terreno sigue poniendo el foco en los encuentros sociales y familiares. Isaura Navarro, secretaria autonómica de Salud Pública de la Generalitat valenciana, explica que son “con mucha diferencia, el principal foco de contagio”. “Representan el 74,5% de los contagios según los últimos datos. Por eso en Valencia ciudad continúa la norma de prohíbe las reuniones de más de 10 personas con el objetivo de garantizar que se cumplan las distancias y de hacer posible la trazabilidad. El siguiente foco es el laboral, con un 12,4%. En las residencias es del 5,2% y en el ámbito sanitario, los contagios representan un 2%. Cabe destacar que en el ámbito educativo tan solo es de un 0,4% a día de hoy, lo que demuestra que las medidas adoptadas en este ámbito están funcionando de momento”.

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