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Un paseo por el Real Jardín Botánico a través de sus árboles singulares (III)

Hoy nuestro paseo por el Real Jardín Botánico llega a uno de nuestros árboles singulares preferidos, el gran seductor superviviente: Ginkgo biloba.

Gingo. Ginkgo biloba. Familia Ginkgoaceae.

Es un árbol especial, fascinante, que seduce a todos los que conocen su historia. Ha sido considerado el fósil viviente más antiguo ya que habita la tierra desde hace más de 250 millones de años. En condiciones óptimas puede alcanzar los 30 m de altura y vivir hasta 1 000 años. El ejemplar del RJB tiene 17 m, un diámetro de 0,52 m y una edad aproximada entre 90 y 110 años.

El nombre original de este árbol en chino es “albaricoque plateado” y es una planta sagrada para los budistas que se cultiva en China, Japón y otros países del continente asiático desde hace más de 3 000 años. En Japón estos árboles son 2 llamados “Hibaku Jumoku” (portadores de esperanza), o árboles que sobrevivieron a la explosión nuclear de la bomba de Hiroshima. En la actualidad más de 150 árboles sobreviven. Muchos han sido trasladados y replantados en nuevas ubicaciones y sólo unos 30 se encuentran en el mismo lugar en que se hallaban cuando explotó la bomba. El árbol más antiguo de éstos se encuentra en el conocido jardín Shukkeien y es un majestuoso ginkgo biloba de 300 años.

Muy conocido en Oriente recibe también el nombre de “ojo blanco” y “ojo de espíritu” por las formas de sus frutos y semillas. Otros nombres del ginkgo son “pie de pato” por la forma palmeada de sus hojas y en China se le llama también “árbol de abuelos y nietos” porque vincula su longevidad con las enseñanzas que un abuelo hace a su nieto.

El ginkgo llegó a occidente gracias al naturalista alemán Engelbert Kaempfer, que a principios del siglo XVIII viajó a Japón con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y a su vuelta lo nombra por primera vez; entonces se produce una curiosidad con su nominación: Gin es plata y Kyo es albaricoque, pero en lugar de llamarlo Ginkyo se llamó Ginkgo biloba (biloba es por presentar la mayoría de sus hojas divididas en dos lóbulos). Posteriormente, Linneo lo describe en 1771. Desde el principio es un árbol intrigante y por eso es conocido con tantos alias.

Las semillas se repartieron por Europa y se empezó a conocer como “árbol de las pagodas” o “árbol de los templos”.

El alemán Johann Wolfgang von Goethe, fundador del Romanticismo, poeta, novelista, filósofo, botánico y científico de principios del siglo XIX, escribió a Marianne von Willemer, con quien mantenía una relación especial, un poema de amor con el ginkgo como soporte espiritual. Para Goethe la hoja de este árbol que se encontraba en el castillo de Heidelberg fue el mejor símbolo de una relación perfecta y su poema la mejor forma de describir la relación con su amada.

“Las hojas de este árbol, que desde Oriente

a mi jardín venido, lo adorna ahora,

un arcano sentido tienen, que al sabio

de reflexión le brindan materia obvia.

¿Será este árbol extraño algún ser vivo

que un día en dos mitades se dividiera?

¿O dos seres que tanto se comprendieron,

que fundirse en un solo ser decidieran?

La clave de este enigma tan inquietante

Yo dentro de mí mismo creo haberla hallado:

¿no adivinas tú mismo, por mis canciones,

que soy sencillo y doble como este árbol?”.

Por eso en Alemania con su majestuoso rio Elba se le conoce como el “árbol de Goethe” en recuerdo y homenaje al célebre poema de amor escrito por el gran escritor romántico.

Y siguiendo el recorrido de los múltiples nombres con los que se conoce al ginkgo terminamos en Francia donde se le llama el “árbol de los 40 escudos”, porque hace referencia a la desorbitada suma de dinero que un botánico de Montpellier pagó por un ejemplar en 1788. Además hacía alusión el nombre al aspecto dorado de las hojas en otoño, como si fueran escudos de oro.

El ginkgo destaca por su capacidad de supervivencia y de resilencia a los cambios, con sus particularidades reproductivas. Es el último superviviente de un linaje antiguo, vínculo vivo con la era de los dinosaurios.

Árbol caducifolio de ramificación abierta y porte mediano, puede alcanzar 35 m de altura, con copa estrecha, algo piramidal y formada por uno o varios troncos. Sus ramas rectas y empinadas, son gruesas y rígidas. La corteza es de color pardo grisácea o pardo oscura, con surcos y hendiduras muy marcadas.

Las hojas se caracterizan por ser de color verde claro y de entre 5 y 15 cm, son planas y en forma de abanico y con nervadura dicotómica. En otoño cambian de color, se tornan amarillas y al caer producen el fascinante fenómeno conocido como “oro que llueve”.

Hay árboles machos y hembras, es una especie dioica. Las ejemplares hembras producen semillas blandas, en forma de drupa, de color marrón amarillento y textura carnosa que emiten un olor muy desagradable y cuelgan de un largo pedúnculo.

Se usa con fines ornamentales desde la antigüedad. Desde el siglo XIX el motivo Ginkgo se encuentra en adornos como broches, alfileres para cabello, pulseras y collares; en especial en Japón ha servido de inspiración a ceramistas, talladores de maderas, pintores, escultores y diseñadores de kimonos y otras prendas textiles.

Además tiene múltiples aplicaciones medicinales. Desde hace siglos, en la medicina tradicional china, las hojas o las semillas de este árbol se han empleado en acciones terapéuticas. En Japón se cultiva también como árbol frutal por su semilla, que se consume cocida o tostada.

Enlaces: Real Jardín Botánico de Madrid.

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